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La dermatitis atópica es una enfermedad de la piel que suele debutar en la infancia. Afecta la piel de la cara y el cuerpo de bebés, niños y menos frecuentemente adultos.

En España se estima que entre el 5 y el 10% de los niños pueden tener en algún momento de su infancia este padecimiento.

Cuando aparece en los primeros meses de vida los bebés desarrollan placas rojas y costrosas en la cara, cuero cabelludo, zona pañal, manos, pliegues de brazos y piernas, acompañado de importante sequedad de piel y picores. Por la general la dermatitis tiende a mejorar con el tiempo y generalmente a los 3 o 4 años de edad puede desaparecer, aunque en ocasiones esto no ocurre o presentan brotes periódicos que tienden a espaciarse en el tiempo.

En los adultos suele asociarse la presencia de lesiones pruriginosas secas, sequedad cutánea generalizada y prurito. También es frecuente el eccema de manos como manifestación de dermatitis atópica del adulto.

Los niños con dermatitis atópica tiene mayor predisposición a padecer enfermedades infecciosas de la piel como impétigo, molluscum contagiosum y verrugas vulgares, entre otras.

No se conoce la causa de la enfermedad pero sí se sabe que exite una denominada “constitución atópica”, normalmente de base hereditaria, que asocia dermatitis, asma y rinitis alérgica. Cualquiera de los padres que tenga alguna de estas patologías aumenta considerablemente las probabilidades de tener un hijo con dermatitis atópica y, asímismo, cualquier paciente con dermatitis atópica tiene más predisposición a padecer asma, rinitis o cualquier otro proceso alérgico.

Es importante conocer que no existe un tratamiento curativo de este padecimiento. Nuestro objetivo será reducir la intensidad del proceso y aliviar la sintomatología. Actualmente la base del tratamiento tópico son las cremas con corticoides que pueden ayudarnos a controlar la enfermedad en la mayor parte de los casos. En los casos muy crónicos y con brotes muy repetidos nos ayudamos de estos nuevos fármacos tópicos, tacrolimus y pimecrolimus, que nos permiten su uso más continuado y ayudan a mantener periodos de remisión más prolongados.

Si el picor es muy importante suelen asociarse antihistamínicos orales.

Sólo en casos muy extensos y crónicos (dermatitis atópica severa) se precisará tratamiento sistémico con corticoides orales y/o inmunosupresores como la ciclosporina.

Además es conveniente seguir una serie de consejos para el cuidado de la piel que colaborarán a un mayor confort de la misma:

  • Evitar las duchas y lavado frecuente de la piel.
  • Utilizar jabones no agresivos.
  • Aplicar cremas emolientes en todo el cuerpo frecuentemente.
  • Utilizar ropa de algodón, evitando irritantes como la lana y fibras sintéticas.
  • Evitar abrigarse excesivamente, estos pacientes tienen mala tolerancia al sudor excesivo.
  • Evitar las situaciones de estrés que pueden causar aumento del picor y rascado.